Miembro de la Asociación Madrileña  de Galerias de Arte. Unión de Asociaciones de Galerías de Arte de España.

 
  GALERÍA ORFILA.   
C/Orfila, 3.    28010 Madrid.

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  Horario: Martes a Sábado 11 a 13'45 y 17'30 a 20'45h. Lunes sólo tarde.

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   JÉRONIMO SALINERO  "La Casa de Abbas Muhsen"    29 de abril a 20 de mayo de 2011

   Jerónimo Salinero, Macotera (Salamanca), 1945. Ha expuesto individualmente, entre otras, en la galerías Orfila (1981, 1985, 1997, 2011) y Quorum (2004, 2008), de Madrid; galería Artis, Salamanca (1982, 1990, 1997, 2005); Club de Prensa Canaria, Las Palmas, y Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Peñaranda de Bracamonte, La Salina, Diputación de Salamanca (1992); Catedral Gallery, Murcia (2006).

   Participa en numerosas colectivas, como el Premio de Dibujo Pancho Cossío, Santander (1998); Homenaje a Manuel Conde, dirigiendo en libro "El Fuego Cuadrado", galería La Kábala, Madrid (1979); IV Bienal Iberoamericana de Arte (1984); las ferias internacionales de arte ARCO, Madrid (1984, 1987), Arcale, Salamanca (1997, 1998, 2000), Arteder, Santander (1997) y Lineart, Gante (Bégica) (2003, 2005); Premio L'Oreal (1989), así como en otras en Alemania, Francia y Rusia, además de las celebradas en la galería Orfila: Premio de Pintura Galería Orfila (1981, 1982); 10 años de la galería Orfila (1982); Reflexión sobre El Prado (1985); Madrid:Mundo, Demonio y Carne (1986); Encuentro en el Papel (1991); 25 Aniversario Galería Orfila (1998); Homenaje a Julián Marcos (2004); Templanzas y Destemplanzas (2004) y Pequeño Formato (2010).

   Distinguido, entre otros, con el 2º Premio de Dibujo de la VII Bienal Internacional del Deporte (1979); Mención Especial del Certamen Internacional de Pintura Puerto Príncipe, Benalmádena (1980); Gran Premio de Pintura en la XIV Bienal de Alejandría (Egipto) (1982); Premio Especial del Jurado en la VI Bienal de Valparaiso (Chile); Premio de la Junta Castilla-León en la X Bienal de Dibujo de Zamora.

   Autor de la grabados del libro "Contraseñas", del poeta Antonio Leyva (1982); del libro de grabados "El Canto quiere ser Luz" (1982); de los aguafuertes del libro "Desmonte Cercano", galería Diart, Madrid (1982) y de las ilustraciones de libro "Especial para Cócteles", de Rodolfo Serrano (1998).



                      "LA CASA DE ABBAS MUHSEN"
                   A Miguel Hernández, en su centenario.

                       "Todas las casas son ojos
                        que resplandecen y acechan."

Un día lejos de hoy, apoyaba su diminuto cuerpo en el poyete de una gasolinera con un cartel que colgaba de su cuello en el que, con letras no muy legibles, mendigaba el acercamiento a la ciudad de Toledo. Yo iba al pueblo de Illescas y, después de repostar el obligado combustible, me acerqué a él y le propuse el viaje a mitad de su destino. Su rostro aterido y su mirada solícita expresaba compasión en aquella mañana turbia de amanecida.

                        "Todas las casas son bocas
                         que escupen, muerden y besan."

Su español desacompasado y entrecortado, era claro e inteligible, a la vez, para mi duro oído. Le invité a que subiera a mi coche e iniciamos el viaje despacio, por el viento y la lluvia que azotaban fuertemente en los cristales y por el trasiego de los coches en esa hora punta. Dijo llamarse ABBAS MUHSEN, ser Ingeniero Agrónomo y escritor, nacido en la Franja de Gaza.

                         "Todas las casas son brazos
                          que se empujan y se estrechan."

Le pregunté que pescaba por aquí y me respondió: Pesco caracolas en el suburbio marino de la vida con un barco sin bandera, a la espera de poder borrar, mientras camino, las huellas de tantas y tantas malvadas primaveras. También busco amor para que mis negros ojos vean crecer el jardín de mi existencia. Llevo la mochila cargada de sueños y razones y un manojo de dudas que acato en mi silencio.

                           "De todas las casas salen
                            soplos de sobras y de selva."

Mi padre, de profesión albañil, construyó nuestra primera casa en lo alto de una colina delimitada por dos tesos blancos e inhóspitos, con solo dos estaciones, invierno y verano. En el mes de mayo comenzaba a descender por aquella colina un calor sofocante que absorbía las últimas humedades dejadas por las escasas lluvias del invierno. La alfombra de la cuenca se cuarteaba como las caras de los viejos de aquel lugar. Los cereales sucumbían al poderoso sol y las aves se precipitaban en sus nidos y espabilaban a sus polluelos para que adelantaran sus vuelos y así ir hacia la brisa del mar, no muy lejano, en la ciudad de Dayr al Balah.

                              "En todas hay un clamor
                               de sangres insatisfechas."

La casa se erguía ática, como un ciprés vigilante, como un faro en resplandor, reflejándose en los ojos de mi padre. En sus atenazadas manos, las huellas del pico y de la pala que horadaron zanjas, y de la móvil paleta que tabicaba metro a metro en la clandestinidad de la noche y con la voluntad de la luna. Acomodados nuestros cuerpos y alojados nuestros animales, distribuimos nuestros enseres y encendimos el fuego. Vigilante en la noche, el búho real se posaba en el alto caballete.

                               "Y a un grito todas las casas
                                 se saltan y se despueblan."

Vinieron tiempos en los que zozobraron los hombres. Misiles y piedras cruzaban los cielos cargados de sinrazones rompiendo los cristales de las palabras. Abriose la piel del cielo y resucitó el dios que derriba casas, mata a niños, ancianos y perros. Huyeron las palomas de los naranjos que como flechas buscaban otras luces en el horizonte. Las abejas obreras vertían lágrimas de miel en el regazo de la reina. Se llenó la casa de alaridos, de minuciosas hogueras y de preguntas que tenían sabor a sangre. Sangre que llevaba la ira de parte a parte quebrando los sueños de los hombres.
Pequeña franja de vientos, de polvos y de sombras dime el interés que tienen las naciones por ti, pequeña franja de tantas entradas y salidas.

                             "Y a un grito todas se aplacan,
                               y se fecundan, y esperan."

La casa sucumbió cinco veces a la cerrazón de las guerras, pero el padre de ABBAS MUHSEN, reconstruyó con la voluntad de sus manos otras tantas veces la misma casa y la misma esperanza.


Los versos en cursiva son de Miguel Hernández, del poema "Todas las casas son ojos".

                                                                            Jerónimo Salinero

 La Casa de Abbu Muhsein. Pastel y lápiz/papel, 60 x 50 cm.
 La Casa de... Técnica mixta sobre madera, 180 x 145 cm.
 La Casa de... Técnica mixta sobre madera, 180 x 145 cm.
 La Casa de... Técnica mixta sobre madera, 180 x 145 cm.

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