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     MAIKO MAEDA                            del 20 de mayo al 8 de junio de 2013

 


Maiko Maeda. Exposiciones individuales:
1973. Galería Macarrón. Madrid
1974. Galería Miyama. Tokyo.
1976. Galería Serrano. Madrid.
1983. Galería 84. Nueva York.
1984. Galería Muramatsu. Tokyo.
1985. Galería Ryo. Tokyo
1986. Galería 84. Nueva York.
1990. E.S.M. Documentation. Nueva York.
E.S.M. Documentation. Pensilvania.
1991. Galería Feliz. Jim Thorpe. Pensilvania.
2000. Galería Ekléctica. Madrid
2002. Galería Ekléctica..Madrid.
2005. Galería Japan Art. San Petersburgo.
2006. Galería Ekléctica. Madrid.
Galería Nacional. Yerevan. Armenia.
2008. Galería Shrirakawa. Tokyo.
2013. Galería Orfila. Madrid.

Exposiciones colectivas:
Bienales Internacionales del Deporte en las Bellas Artes, Madrid y Barcelona, 1973,1975 y 1977 - II Bienal Internacional en Memoria de Picasso. Málaga. 1973 - Kokuten, Metropolitan Museum. Tokyo y Osaka. 1974 y 1979. - Bienales de Toledo, Santander y Pontevedra. 1977. - Le Salon y Salón de Otoño Paris.1978. - Salón de Otoño. Paris. New England Show. Silvermine. Soho Center Visual Art.1981.- Galería 84. Nueva York. 1981 y 1986. - Arts Complex East, Riverboad, Nueva York.1983. - Josiah Exhibition. Pensilvania. 1990 - Skinsho Exhibitio. Tokyo. 1996. - Galería Ekléctica. Madrid. 2004. - C.C. Les Bernardes. Girona. 2008. - Nexus: Lenguajes de la Abstracción. Galería Orfila. Madrid. 2009 .- Temps de Flor. Girone. 2010.

 

Perteneciente a la generación que hubo de rehacer sus modos de vida y algunas de sus convicciones y certezas tras la gran catástrofe que la atómica oquedad excavada en el aire un seis de agosto de mil novecientos cuarenta y cinco pusiera en crisis no sólo el entramado ideológico y de creencias del imperio de las cuatrocientas islas sino el de todo el mundo, Maiko Maeda, educada en Tokio, ciudad en la que nació y en cuya Universidad Gakushuin cursó estudios de Filosofía y Psicología hasta obtener su licenciatura en el año 1968, empujada por los tantas veces impredecibles mandatos del destino, iba a iniciar su formación como pintora, vocación que siempre la acompañó, en un país, España, de cultura tan alejada de la suya como lejanos a su formación y modos de vida eran los condicionantes vitales e ideológicos aquí predominantes.

En Madrid, a donde llegó por vez primera en 1969 y a donde con cierta frecuencia regresa, al tiempo que trataba de indagar en la para ella en muchos aspectos incomprensible nueva realidad que se abría ante sus ojos y su inteligencia, seguiría cursos de grabado en la Escuela de Artes y Oficios y otros, más prolongados, de dibujo y pintura con Eduardo Peña y José Barranco, dos singulares profesores de la Academia Artium, acogimiento entonces de muy esperanzadas vocaciones a no tardar recompensadas no pocas de ellas con sobresalientes reconocimientos.
Una posterior estancia de cuatro años en Nueva York, al tiempo que le hizo posible profundizar en el conocimiento de las más exigentes vanguardias prebélicas y posteriores que guardan sus museos, le permitiría ampliar su formación en el Art Student junto a Minoru Kawabata, pintora que tendría relevante importancia en su evolución.
Así, su apaciguado colorismo idealizador y descriptivo inicial, sustentado básicamente en recreaciones de la figura humana, como consecuencia de la confluencia de su propia receptiva y controladamente apasionada personalidad con reflexiones derivadas de esas etapas formativas, una no muy prolongada de experimentaciones y de tanteos la conducirían al abandono de lo narrativo y de la servidumbre referencial, para tratar de encontrar un lenguaje que le permitiera expresar incertidumbres e interiorizados recogimientos y conturbaciones, sin apoyatura icónica alguna, valiéndose de la inconsciencia espontánea que sólo el lenguaje de la abstracción podía ofrecerle.

Técnicas de collage en las que emplea papeles y telas teñidos, luego sustituidas por aplicaciones de óleo o de pinturas acrílicas sobre el soporte, van a ser la sustentación de una obra en la que lo espacial y una sensibilidad elocuentemente incentivada por la música (Mahler, Bartok, Prokofieff…) van a aliarse con impulsiones, de naturaleza oculta en su yo más profundo e inasible, que incidirán decisivamente en su interpretación de la realidad visual con la que convive, traducida a libres y dinámicos acordes, brillante y exaltadamente cromáticos en ocasiones, sustentados en manchas que crecen o se deshacen en el espacio acotado del lienzo.

Cuando ella manifiesta que encuentra el sosiego y la fuerza que precisa para serenarse y afrontar decaimientos e incertidumbres, en sus en cierto modo rituales escaladas al Kurama, monte cercano a Kyoto, ciudad donde reside, al que la tradición atribuye un cierto carácter mágico y sagrado, que la presencia del templo budista que se alza en su cima pareciera resguardar de acosos e irreverencias, pone al descubierto no pocas de las razones no estéticas que fundamentan su estética.
Habrán de tenerse en cuenta al enjuiciar su metodología de trabajo y las razones que la llevan a fundir lo referencial que le presta la visibilidad en que convive con impulsiones y mandatos de su subconsciente.
Con más razón por cuanto es de la fusión de condicionantes de orden existencial y afectivo con las exigencias de lenguaje a que su asumida contemporaneidad le obliga, la justificación del coherente sistema de magmáticos e inestables campos de color en que sustentará su obra.

Aunque sea aventurado por nuestra parte, no podemos evitar, bien que la abstracción de Maiko Maeda nada que ver tiene con su figurativismo sublimado, establecer alguna relación de su actitud con la de uno de los más grandes y sorprendentes pintores de su país, Katsushika Hokusai (nacido en 1760 y muerto en 1849) por su reverente y meditativa admiración hacia la majestuosidad melancólica del Monte Fugi y por el cómo humilló sus conocimientos y su sabiduría ante su inquietante y silente impasibilidad.: A los cien años me habré convertido en verdaderamente maravilloso y a los ciento diez, cada toque, cada línea que trace, habrán de poseer vida por sí mismos, escribió dando impagable lección a los creadores de todos los tiempos, tal recoge un texto que la sensibilidad de Granados Valdés rescató para nuestro conocimiento y para la reflexión en su libro "Ukiyo-E".
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Este buscar que cada línea y cada mancha de color se conviertan, por su misma naturaleza de inventada y corpórea visibilidad, en vida y vibración, pasión e interiorizado y evanescente recinto claustral para el recogimiento y la meditación, va a determinar la obra toda de Maiko Maeda, tal viene a confirmar el encadenamiento de experiencias que preceden a las que muestra en esta exposición de sus últimos trabajos.

Éxtasis y racionalidad, contención e impetuosa transfiguración de emociones y sentimientos, cualidades que aparecen íntimamente trabadas en sus cuadros, van a definir tanto lo tembloroso de su estructura subyacente como las aplicaciones de materia cromática que ensalzan esa estructura. 

Calma y delicadeza, sutileza y despojamiento de adherencias de naturaleza discursiva, caracterizarán un universo de formas diluidas e inestables, volatilizadas y fugaces, servidas por campos de color en los que su preferencia por rojos, púrpuras oscuros y claros azules se pone una vez más gozosamente de manifiesto.

Más rigurosamente delimitadas esas parcelaciones en anteriores experiencias y ahora, tal atestiguan las obras que Maiko Maeda muestra en esta su sexta exposición en España, con frecuencia expansivas, exaltadas y palpitantes.


Antonio Leyva
De las Asociaciones Española e Internacional de Críticos de Arte.
Madrid, abril 2013

 

 La vida I. Acrílico/tela, 65 x 90 cm. 2012
 La vida II. Acrílico/tela,73 x 60 cm. 2012
 Jardín en el corazón I.     Acrílico/tela,  182  x 130 cm. 2013
 Mujer. Acrílico/tela,112 x 145 cm. 2013
 Jardín en el corazón II.  Acrílico/tela,182  x 130 cm. 2013

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