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      MARTÍN VIVEROS        Íntimo                  Del 20 de noviembre al 16 de diciembre de 2017


J. A. Martín Viveros.
Herencia (Ciudad Real) 1962. Nacido en el seno de una familia humilde, aprende de su padre pintor, el amor a la pintura.
Cuando cuenta con nueve años de edad, su familia se traslada a Madrid, dónde continúa alentando su pasión por el arte de manera autodidacta durante su juventud.
Sera después, ya en su madurez artística, cuando comparta estudio y experiencia durante varios años con otros colegas de profesión en la Asociación de Pintores ECCA, de Madrid.
Asimismo, su actividad está ligada a la Asociación de Creadores de Getafe LA CARPA, de la cual es miembro fundador, junto con otros artistas.
Dedica los últimos 30 años de su trabajo al conocimiento y creación de multitud de estilos pictóricos, desde el más estricto realismo hasta la abstracción, pasando por una etapa de figuración. No obstante en la última década encuentra la comodidad en lo que se ha venido definiendo como expresionismo abstracto, que él describe literalmente como un acto de sinceridad.
Ha realizado exposiciones en territorio nacional (Madrid, Ciudad Real, Granada, Santander, Jaén, Toledo, Ávila, Salamanca, Zaragoza, Málaga...), así como en el extranjero (Austria, Egipto, Francia, Holanda…).
Su trabajo se ha visto recompensado en multitud de ocasiones con premios y menciones encontrándose su obra repartida en colecciones públicas y privadas.
 





LA SOLEDAD COMPARTIDA DE MARTIN VIVEROS


Cuando Vicente Verdú, desde su columna-atalaya del diario El País, entre consideraciones sobre la permanente crisis en que se debaten las artes y los artistas alertaba de la existencia de Martín Viveros en ocasión de su exposición en Orfila (galería que a punto está, al cumplirse el hecho sorprendente del cuarenta y cinco aniversario de su fundación, de alcanzar el Vicedecanato de las de Madrid), puso ante los ojos de muchos un modo de hacer pintura poco privilegiado entre nosotros, cuyas raíces, sólo sus raíces que no la literalidad de su lenguaje, dejando de lado sus personales averiguaciones y para darle claves al lector, bien pueden situarse en el periodo, críticamente estudiado con lucidez en contrario al actual en el que la crítica brilla por su ausencia, en el que los grupos Dau Al Set, Parpalló, el Paso y alguna valiosa individualidad, pusieron punto final, aunque en realidad fueran puntos suspensivos, a la inmovilista atonía en su coyuntura histórica predominante.

El mismo pintor, en un breve texto que acompañaba al catálogo de aquella exposición, daba cuenta de su itinerario desde la figuración hasta ese territorio de la abstracción, el suyo, en el que la investigación constante, el no someterse a normas ni formas y actuar sin estar sujeto a ningún límite, metodología de la que el creador no puede prescindir si es verdaderamente creador, al tiempo que con ese tan escueto ideario definía lo más sobresaliente de su actitud estética hasta que desembocara en el expresionismo abstracto que ya empezaba a definirla.

Es preciso, para dilucidar hasta donde podamos dilucidar su razón de ser, considerar tanto su naturaleza, su naturaleza formal, claramente diferenciada de las de los antecedentes antes reseñados, como el pensamiento a que responde, con más razón por cuanto en nuestra contemporaneidad todos los valores del espíritu están seriamente amenazados ante la impasibilidad de una sociedad, carente de aspiraciones colectivas y por casi todo desinteresada, que no le pide al artista sino vacuidad y banalidades que adornen su existencia, bambochadas que, lamentablemente, artistas poco respetuosos con ellos mismos, se han apresurado a poner a su disposición ocultando, con bochornosas complicidades, el hecho de que lo que ofrece, aún vestido con el ropaje de la más desenfadada modernidad, no es sino remedo de las que como signo de rebelión estética crearon las vanguardias históricas en los albores del siglo XX.

Martín Viveros que posiblemente comparte la idea de Ionesco de que es absolutamente necesario que el arte sirva para alguna cosa como comparte otra, derivada de la anterior, recientemente desarrollada por el profesor de la Universidad de Calabria Nuccio Ordine, que se fundamenta en la utilidad de lo inútil y en la consideración del arte como antídoto contra la lógica vigente del utilitarismo pero que en modo alguno hace una pintura testimonial ni reivindicativa, está empeñado, dando por válido el aserto de que la obra de arte acaba por imponerse a su autor tal aquel afirmara, en la ardua tarea de crear, sin sujetarse a metodología alguna, entidades plásticas de sólida corporeidad, racionalizadas mediante una perceptible voluntad constructiva que nada que ver tiene con la rigurosidad normativa que coexistiera con la abstracción. Así, lo que, si retrotraemos nuestra terminología a otros tiempos, es tormenta e impulso, deviene en tensión controlada que evita la destemplanza tanto como controla el caos.

Con desacordes cromáticos cuando los cree necesarios y, con más frecuencia, mediante armónicas conjugaciones de colores cálidos, con preferencia los tres primarios, huyendo de claroscuros y sin adumbrar sino una parte del conjunto para que el color de las otras vibre con intensidad como si fuera armónica percusión musical y modelando con atención y delicadeza la pasta apenas diluida que emplea para que no aparezca fatigada sino deslumbrante y primigenia ante la vista del que contempla el arte final, Martín Viveros pone de manifiesto no solo su actitud estética sino también la ética que en ella alienta. Revive su propia historia y reflexiona sobre la Historia, reconduce sus errores, sus momentos de placer o de exaltación, de optimismo o de melancolía, sus internas desazones o la necesaria distensión, al tiempo que incita al otro y le hace vivir lo que siempre quiso vivir o lo que soñó o lo que nunca se atrevió a soñar, desencadena sus sentimientos, le hace más libre.

Con esos componentes convierte la imagen en gesto, en signo, en concepto, en síntesis, en significación, en carta abierta, en extrañamiento y entrañamiento, en alegato universal que puede ser entendido en cualquier idioma y en cualquier lugar de la tierra.

Antonio Leyva
De las Asociaciones Española e internacional de Críticos de Arte
Octubre 2017
 


 Carne y hueso. Óleo sobre madera, 46 x 38 cm
 Contracorriente. Óleo sobre madera, 55x 55 cm
 Esperando la luna. Óleo sobre madera, 51 x 48 cm
 Íntimo. Óleo sobre madera, 45 x 38 cm

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