GIUSEPPE TRINGALI

Del 26 octubre a 16 noviembre de 2019

S.T. Técnica digital/vitra, 110 x 110 cm

S.T. Técnica digital/vitra, 30 x 40 cm

S.T. Técnica digital/vitra, 40 x 30 cm

S.T. Técnica digital/vitra, 121 x 105 cm

GIUSEPPE TRINGALI  Colores desde lo profundo 
Del 26 de octubre al 16 de noviembre de 2019

Giuseppe Tringali nace en Messina (Italia), en 1951. Publicista de profesión, vive entre Milán y Madrid, ciudades en las que ha venido desarrollando gran parte de su carrera, ocupando importantes cargos ejecutivos en diversas empresas, en especial en el medio audiovisual. Actualmente es Vicepresidente del International Advisory Board del IE, Instituto de Empresa, Business School, y Presidente de Global Corporation Center IE/EY, además de ser Asesor de varias empresas, labor que complementa de manera altruista como Patrono de ONG’s.

Una siempre presente inquietud creativa, tan cercana al fin y al cabo al mundo de la publicidad, explica su dedicación a la pintura, desde el año 2004, como asimismo da razón de su manera autodidacta. Ello ocurrió, al principio, de forma casual, a través de algunos amigos y colegas de profesión, en quienes descubre la complementariedad que el cultivo del arte, como actividad paralela, suponía para su desarrollo y desempeño profesional, además de la satisfacción que reportaba -lo que aún quizás sea más importante – a sus propias vidas.

Tras participar en colectivas, en la galería Binomio, expone individualmente en las galerías madrileñas Alfama (2006, 2008, 2011 y 2013), sala Estudio Gerardo Rueda (2014), Materna y Herencia (2017) y Galería Orfila (2019).

Paralelamente, dirige, desde 2018, el videoblog Art View, asociado a los blogs de ABC y ABC Cultural, un espacio de divulgación dedicado a esclarecer la obra de algunos de los artistas más destacados, desde la Edad Media hasta la contemporaneidad, a través de su psicología y sus relaciones con la mentalidad y la sociedad de su época.

Colores desde lo profundo.

 El color es en sí un grado de oscuridad. Goethe (Teoría de los colores, 1810).

Son conformaciones cromáticas surgidas desde una hondura insondable, ora de formas permutadas de orden geométrico, o aún orgánicas, que sugieren fluorescencias de una fauna abisal, sirviéndose del negro como color -color de fondo o de contraste -, las que dan pie al título con que Giuseppe Tringali ha querido rubricar oportunamente el conjunto de sus últimos trabajos.

Y no viene más a propósito para acercarse a ellas que hacer referencia a las investigaciones de Goethe sobre el color. Cómo éste surge, según él, de la polaridad entre la luz y la oscuridad (cuestionando la teoría del espectro de Newton, que sólo tenía en cuenta a la primera), junto con la implicación, en el proceso de percepción, tanto de factores propiamente físicos u objetivos, como subjetivos, desde el momento en que el color se forma en el ojo humano y no sólo por la luz proyectada sobre el objeto. Es el ojo, al fin, en unión de la oscuridad el que da lugar al tono, lo que además conllevaba una relación directa del color con las emociones, en lo que fue la primera teoría psicológica del color, anticipada precisamente por Goethe.

Este aspecto emocional ha estado siempre presente a lo largo de la trayectoria de Giuseppe Tringali, sea porque su aproximación a la pintura tiene que ver -y mucho -, con su profesión de publicista, como porque aquella proviene de un principal impulso lúdico o imaginativo, en el sentido de un afán permanente por descubrir algo nuevo, que se une en él al mismo carácter inquieto de la emprendeduría: el alerta optimismo con se le asocia. Y con ello ya tenemos explicadas algunas de las claves de su arte y evolución: desde que siempre fue la abstracción su referente, en especial expresionistas abstractos como Rothko (sus distorsiones cromáticas en base a la yuxtaposición de colores insólitos, pero, sobre todo, la honda espiritualidad que de ellas se desprende), hasta su perseverancia en la investigación de técnicas y materiales que le caracteriza: acrílico y yeso en su primera época; la manipulación pictoricista de la fotografía, después; la utilización, ahora, de los medios digitales, con los que su pintura abunda -mediante la puesta al día con lo lumínico más artificial y con la nueva cultura en que nos hayamos inmersos -, en esa relación de la luz con el espacio -una de sus constantes preocupaciones –, sin la cual no seríamos capaces siquiera de concebirlo, emergiendo desde la oscuridad para dotarnos de una esperanza, tal consiste su última propuesta.

David Batchelor, en su libro Cromofobia, (Londres, 2000, Madrid, 2001), donde trata del color y su secular enemiga, la cultura occidental, se refiere a su primer rescate y reivindicación justamente por el Romanticismo. Así, Baudelaire en su ensayo sobre la obra de Delacroix, escribe Batchelor (pág. 41), cuando cita una observación de Liszt sobre la predilección del pintor por la música de Chopin: “Delacroix (.) dice que adoraba caer en una ensoñación profunda con el sonido de aquella música delicada y apasionada, que evoca un pájaro de colores brillantes que flota ingrávido sobre los horrores de un pozo sin fondo”. (…) Música, color, música-color, los colores de la pintura de Delacroix, unos colores que sin duda son “encantadores”, pero que son mucho más que eso. Se ofrecen a salvarnos de un indecible terror y simultáneamente nos advierten de su presencia.                                                                                                                                                                                          

 Antonio Leyva Sanjuan