SALVAR LA MIRADA. SEGUNDA EDICIÓN

Del 26 enero al 13 febrero de 2021

CARLOS RIVERA Tu vuelo [mis alas]
Del 25 de febrero al 16 de marzo de 2019

Carlos Rivera Lauria (Santa Fe, Argentina, 1951) vive, desde 1986, entre Madrid, Segovia y Bilbao. Expone individual y colectivamente desde 1981, en diversos espacios de arte, galerías y centros culturales de América, Europa y Marruecos. Entre sus últimas exposiciones individuales destacan las celebradas en ARCO, Zapadores Ciudad del Arte, y Galería Orfila, Madrid (2019), y las que realiza en el Palazzo Gallone, Tricase (Italia) (2018); Galería Orfila, Madrid (2013); Hotel El Minzah, Tánger (Marruecos) (2011); Fundaçao Dr. Luis de Araújo de Artes y Ciencias, Oporto (Portugal) (2011); Theatre Royal de Marrakech (Marruecos) (2010); Claustro del Torreón, Diputación de Ávila (2010); Sala La Paloma, Ayto. de Madrid (2008); Galería Multiespacio, Madrid (2006). Participa, entre otras colectivas, en la Galleria Illepre, Piacenza (Italia) (2018); Centro Cultural Iortia, Alsasua (Navarra) (desde el 2012 hasta el 2018); Galerie Centre Culturel Ibn Khaldoun, Tánger (Marruecos) (2015); Palazzo Bacile di Castiglione, Spongano (Italia) (2015); Frantoio del Palazzo Baccile di Castiglione, Spongano (Italia) (2014); Centro Cultural Matadero, Madrid (2007).

La habilidad de Carlos reside, ahora, en el modo cómo ha sabido construir una visualidad que juega, a sus anchas, en los intersticios o zonas limítrofes. Es en ese lugar “conflictivo” y “conflictuado” desde donde esta suerte de ornitología ornamental se granjea el estatuto de la obra de arte. Son bellos, sin duda; son atrayentes, muchos; son enigmáticos, un rato; son complacientes, mucho; pero son, por encima de todo, el trofeo a una gramática que se articula sobre los fundamentos de la honestidad y de la liberación personal. A la larga estas aves no son más que el propio alter-ego de Carlos. Se les advierten matizadas por un deje minimalista o una aproximación a las superficies pulidas y escurridizas a lo Brancusi; sin embargo, estimo, contrario a lo que pudiera presumirse por la mayoría, que ellas son la expresión más acabada de cierta pulsión barroca que de siempre ha habitado no solo en su obra sino en la propia personalidad del artista. Un paisano de Jorge Luis Borges no puede, le resulta imposible -creo- dar un espaldarazo a su tradición barroca o a la hipérbole que se teje tras cualquier pieza de tango. Su nueva ornitología colorística se afianza, de tal suerte, en una máxima que desde mi punto de vista deja de ser mínimal para abrazar el adagio barroco. Visto en sus múltiples y transitivos conjuntos generan, de facto, la sensación de carnaval, de interrupción y de digresión: celebran la vida, mimetizan la ilusión, engendran la utopía y alimentan la ficción. Ellas, en esencia, conjugan de un modo perfecto la dimensión intelectual con el énfasis delirante y siempre persuasivo de los afectos. [Fragmento de un ensayo mayor]

Andrés I. Santana
Curador de la muestra